FRASE DEL DIA

FRASE DEL DIA: "Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo"

martes, 31 de agosto de 2010

"ESTABA ESCRITO"

Cuando empezamos las grabaciones de Angola con Sando, Ceci y Bomsái estaba enyesado..Hay "pruebas" de ello. Estaba en cama y si no era por Sandorita no se que habría sido de mi existencia. Recuerdo que fue mas o menos en estos días, dos años atrás...
-Vamos a ver "Che la mitaru" en el municipal, Lari actúa y los de espectaculos pidieron entradas para ver en Tertulia-le dije a Sando. 
-De cabeza gordo-me respondió al toque. 
Fuímos, llegamos, como siempre nadie nos peloteó en la entrada y como no teníamos ninguna, (osea tenían que darnos ahi) esperaaamos un buen rato. Al fin salió Domingo Coronel y ordenó que nos dejaran pasar, obviamente puso una cara de pocos amigos, pero we, moríamos por ver la obra por la crítica que tenía. 
Entramos, repleto por todos lados, hasta Isabel Mesquita tuvo que mandar pedir sillas para sentarse, muy diva ella. Encontramos un cubículo, bastante cómodo y desde donde se podía apreciar más que bien. Nos sentamos al lado mismo de Coronel, director de la obra.
Un cago de risa, desde inicio a fin, nos cagamos de la risa, nos hacía falta luego del enojo que duró un mes maso.
Salimos y le acompañé a esperar su micro. Algo no andaba bien. Me sentía inseguro. Me pasaron 3 colectivos llenos de gente. Algo no estaba en su lugar. La luna no brillaba como otros días y las estrellas se escondieron en lo profundo de las nubes grisáceas. 
Hace minutos estaba riendome a borbotones, ahora estaba yo sólo en la oscuridad de la nochem sin un alma perdida por ahí, de pronto se veía venir un fantasmagórico 27, sin luces, con un chofer que mas parecía salido de ultratumba. Subí rápidamente, le pasé mis monedas y corri por el pasillo desoladom de ida al fondo pedía a grititos ahogados llegar con vida a mi casa. 
Bajé del 27 con medio salto, caminé por Teniente Prieto como siempre, lo raro fue que no estaba el guardia de la esquina, que ni con lluvia deja de trabajar, tampoco los vagos de la cuadra que se chupan hasta el agua del florero, ni la loca que te cuenta su historia cuando cruzas por su vereda. 
Eramos yo, mi alma, hasta mi propia sombra me asustaba, sólo quería llegar y ver mi cama. Pase el colegio San Antonio, mientras bajaba la cuadra de la gorda, tan o más empinada que de costumbre, lo lúgubre cubría el 80% de la calle, el 20% restante se veía borroso. Antes de llegar a la media cuadra vi aquello, era la luz del dolor, ni plata yvyguy, ni pora ni pombero, era una luz violácea que decía no pases por aqui. Para que luego, mis sordidas piernas caminaban sin órdenes, no oían mi grito de STOP, vire a la izquierda o a la derecha, pero no siga derecho.
Paracía mentira como yo sabía que algo me iba a ocurrir, no sabía qué ni cómo pero sabía que de esta no me escapaba. La hora se detuvo, llego el momento, llegué a la luz que rápidamente se esfumó, no vi un escalón en el suelo y volé (pero no por la arbolada) no rodé por falta de espacio pero sí me lastimé hasta el último tendón de mis extremidades. 
Me intenté levantar y no podía, el dolor era inexplicable, mi pie estaba doblado. Durante los próximos 10 minutos, los más largos de mi vida, no moví ni un solo musculo, al cabo de un rato pude levantarme y seguir mi camino, me esperaban dos cuadras y media antes de llegar mi casa. No puedo explicar todo lo que me venía por la mente, no quería hacerlo tampoco. 
Llegue a mi casa y llame a mi mamá. Al día siguiente estaba haciendo turno en emergencias médicas. Ni me tocó el doctor la pierna  me ordenó yeso, creo que es muy perceptivo el traumatologo, debía tenerlo sólo por 8 días. Uff que alivio. 
Amanecí con mi pie enyesado, sonó mi celular, era un mensaje, sólo atiné a leer el destinatario para darme cuenta que esos 8 días serían los peores y más largos de mi vida. Pasaron los 8 días, los 15 días, y no aguanté, me quité el yeso para ir en su busca, quedamos en que esperaría fuera de un Sauna donde vino con "unos amigos" a desestresarse. Esperé y esperé, fue más de una hora y cuando al fin decidí no esperar más, caminé sin rumbo, compré una lata larga de BRHAMA y me vuelve a llegar otro mensaje, nuevamente debía tomar una decisión, pero esta vez para siempre.
Comimos pizza y tomamos Coca Cola, el primer encuentro oficial que marcó un antes y un despues en nuestras vidas. 


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